La epilepsia y la enfermedad de Alzheimer son dos trastornos neurológicos muy frecuentes, y cada vez existen más evidencias de que ambas pueden estar relacionadas. Esta conexión resulta especialmente visible en las personas con síndrome de Down, que presentan un riesgo elevado de desarrollar enfermedad de Alzheimer a lo largo de la vida.
Un amplio estudio internacional, publicado en la revista The Lancet, analizó a más de 4.800 adultos con síndrome de Down, y aporta nuevos datos sobre esta relación y ayuda a comprender cuándo aparece la epilepsia, cómo se manifiesta y qué consecuencias puede tener.
El riesgo de epilepsia aumenta con la enfermedad de Alzheimer
Las personas con síndrome de Down ya presentan un riesgo de epilepsia superior al de la población general durante la edad adulta. Sin embargo, este riesgo aumenta de manera muy marcada cuando aparecen los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer.
El estudio encontró que, aproximadamente, seis de cada diez personas con síndrome de Down pueden desarrollar epilepsia durante los diez años posteriores al inicio de los síntomas de Alzheimer.
Existe además un tipo de epilepsia particularmente característico de esta situación, denominado epilepsia mioclónica de inicio tardío en el síndrome de Down (LOMEDS, por sus siglas en inglés). Suele aparecer alrededor del momento en que se manifiesta clínicamente la enfermedad de Alzheimer y se caracteriza principalmente por:
- Crisis mioclónicas, que producen sacudidas musculares breves y repentinas.
- Crisis tónico-clónicas generalizadas, que pueden provocar pérdida de conciencia y convulsiones.
Un aspecto especialmente interesante es que el riesgo de desarrollar este tipo de epilepsia parece estar relacionado más con el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas de Alzheimer que con la edad de la persona. Es decir, no sería simplemente cumplir más años lo que aumenta el riesgo, sino el avance de la enfermedad de Alzheimer.
¿Por qué pueden estar relacionadas ambas enfermedades?
Aunque todavía no conocemos todos los mecanismos, existen varias hipótesis.
En el síndrome de Down hay una alteración genética que afecta al cromosoma 21 y que favorece la acumulación cerebral de proteína beta-amiloide desde edades relativamente tempranas. Con el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer aparecen además otros cambios, relacionados entre otros factores con la proteína tau.
Estos procesos pueden alterar el funcionamiento de las redes neuronales y hacer que el cerebro sea más excitable y propenso a generar actividad eléctrica anormal. En determinadas personas, esta mayor excitabilidad puede acabar manifestándose en forma de crisis epilépticas.
Además, podría existir una relación en ambas direcciones: la enfermedad de Alzheimer favorecería la aparición de crisis y, a su vez, la actividad epiléptica repetida podría contribuir al deterioro de las redes neuronales.
La epilepsia no sería solo una consecuencia
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la aparición de LOMEDS se relacionó con una evolución clínica más desfavorable.
Las personas que desarrollaron este tipo de epilepsia presentaron:
- Un deterioro cognitivo más rápido, aproximadamente el doble de rápido que las personas con Alzheimer y sin epilepsia.
- Un riesgo de mortalidad más de dos veces superior al de quienes no desarrollaron LOMEDS.
- Una evolución especialmente desfavorable cuando la epilepsia aparecía poco después del inicio de los síntomas de Alzheimer.
Estos resultados no demuestran que la epilepsia sea directamente la causa del empeoramiento. Al tratarse de un estudio observacional, no es posible establecer una relación de causa y efecto. Sin embargo, sí indican que la aparición de crisis puede ser un importante indicador de progresión de la enfermedad y que quizá también contribuya al deterioro neurológico.
¿Puede el tratamiento modificar esta evolución?
El estudio aporta un dato esperanzador, aunque todavía debe interpretarse con cautela. Entre las personas que presentaban crisis mioclónicas, aquellas que recibían tratamiento anticrisis presentaron una menor frecuencia de progresión hacia crisis tónico-clónicas generalizadas que quienes no recibían tratamiento.
Sin embargo, esto no significa que se haya demostrado que los medicamentos eviten la progresión de la enfermedad. Al ser un estudio observacional, las personas tratadas y no tratadas pueden presentar otras diferencias que expliquen parte de los resultados.
Para responder a esta pregunta serán necesarios ensayos clínicos específicos. De hecho, ya existen investigaciones en marcha para estudiar si determinados fármacos antiepilépticos, como el levetiracetam, podrían no solo controlar las crisis sino también influir sobre la hiperexcitabilidad cerebral y el deterioro cognitivo asociado al Alzheimer.
Un EEG normal no descarta necesariamente la epilepsia
Otro resultado importante tiene que ver con el electroencefalograma (EEG), una de las pruebas habituales para estudiar la actividad eléctrica cerebral.
En este estudio, el EEG convencional tuvo una capacidad limitada para identificar a las personas con epilepsia. Esto puede deberse, entre otras razones, a que las alteraciones epilépticas pueden ser intermitentes y no aparecer durante los pocos minutos que dura una exploración convencional.
Por tanto, en personas con síndrome de Down y Alzheimer, un EEG normal no necesariamente significa que no exista actividad epiléptica si existen síntomas o sospechas clínicas.
Los investigadores plantean que registros de Video EEG más prolongados podrían ayudar a detectar alteraciones de la actividad cerebral incluso antes de que aparezcan las primeras crisis.
¿Qué significa todo esto para las personas con síndrome de Down?
Los resultados refuerzan la importancia de vigilar la aparición de crisis epilépticas durante la edad adulta, especialmente alrededor del momento en que comienzan los síntomas de la enfermedad de Alzheimer.
Algunas crisis pueden ser evidentes, como las convulsiones generalizadas. Otras pueden ser más sutiles y manifestarse como pequeñas sacudidas musculares repetidas, episodios breves de desconexión o cambios inexplicables en el comportamiento.
Por ello, cualquier episodio nuevo o repetitivo que haga sospechar una crisis debería ser valorado por un neurólogo. Una identificación y un tratamiento adecuados pueden ayudar a controlar las crisis y, además, permitir un mejor seguimiento de la afectación neurológica.
Un nuevo campo de investigación
Este estudio es especialmente relevante porque analiza una población muy amplia y sigue a las personas a lo largo del tiempo. Sus resultados sitúan a la epilepsia como una complicación frecuente y clínicamente importante de la enfermedad de Alzheimer asociada al síndrome de Down.
También abren una pregunta de gran interés: si la hiperexcitabilidad cerebral aparece antes de las crisis, ¿podría detectarse y tratarse de forma precoz para prevenir la epilepsia y quizá ralentizar parte del deterioro cognitivo?
Todavía no tenemos la respuesta. Será necesario realizar estudios con biomarcadores de amiloide y tau, pruebas de neuroimagen y registros electroencefalográficos más sensibles y prolongados, además de ensayos clínicos que permitan saber si intervenir sobre la hiperexcitabilidad cerebral puede cambiar la evolución de la enfermedad.
En resumen
La principal enseñanza de este trabajo es que epilepsia y enfermedad de Alzheimer están estrechamente relacionadas en muchas personas con síndrome de Down. El riesgo de epilepsia aumenta especialmente alrededor del inicio de los síntomas de Alzheimer, y la aparición de crisis se asocia con un mayor deterioro cognitivo y una menor supervivencia.
Esto no significa que todas las personas con síndrome de Down vayan a desarrollar epilepsia o que una crisis determine necesariamente una evolución desfavorable. Pero sí pone de manifiesto la importancia de reconocer las crisis de forma precoz, realizar un seguimiento neurológico adecuado y continuar investigando tratamientos que puedan ir más allá del simple control de las convulsiones.
La epilepsia podría ser, al mismo tiempo, una manifestación de la progresión del Alzheimer y una posible pieza sobre la que actuar para modificar su evolución. Esta posibilidad convierte a la investigación sobre la actividad eléctrica cerebral en una de las áreas más prometedoras para el futuro.
Para saber más: Maure-Blesa, L., et al. (2026). «Natural history and clinical impact of epilepsy in adults with Down syndrome: a multicentre clinical study.» Lancet. DOI: 10.1016/S0140-6736(26)00980-3
