Si al pensar en epilepsia te viene a la cabeza la imagen de un niño, hay que actualizar esa idea. Un gran estudio reciente (más de 2.000 pacientes atendidos en centros especializados de Estados Unidos entre 2021 y 2025, publicado en Neurology) muestra que las personas mayores de 55 años son hoy el grupo con mayor incidencia de crisis epilépticas.
Aquí te explico, por qué ocurre y qué se puede hacer.
1. El misterio que aún persiste
Aunque disponemos de resonancias magnéticas avanzadas y otras pruebas modernas, en casi el 30% de los casos la causa de la primera crisis en adultos mayores sigue siendo desconocida. Es menos que el 50% que se veía décadas atrás, pero demuestra que el cerebro aún guarda secretos.
2. Los culpables más frecuentes
• Ictus o infartos cerebrales (15,4%): la causa identificable más habitual; cuidar la salud vascular protege el cerebro.
• Crisis «provocadas» (14,9%): factores externos como el alcohol, alteraciones metabólicas (por ejemplo, hipoglucemia) o efectos secundarios de medicamentos. Con la edad, somos más sensibles a fármacos y cambios del organismo.
• Enfermedades neurodegenerativas (5,3% en general; ~18,5% en mayores de 85): Alzheimer y otras demencias aumentan el riesgo de crisis.
• Golpes y caídas: las hemorragias por traumatismo también son una causa importante; prevenir caídas salva cerebros.

3. No todos los perfiles son iguales
• Sexo: los hombres presentan más crisis relacionadas con ictus y traumatismos, mientras que en las mujeres pesan más las causas neurodegenerativas.
• Desigualdades sociales: el estudio observó más crisis por ictus entre personas negras; esto refleja diferencias en el acceso a la prevención cardiovascular y a la atención sanitaria, no una causa biológica.
4. ¿Se puede prevenir? Sí — en buena medida
Muchos casos en adultos mayores son prevenibles con medidas sencillas pero efectivas:
• Controlar la tensión arterial y el colesterol para reducir ictus.
• Prevenir caídas en casa (iluminación, alfombras antideslizantes, revisiones de visión y equilibrio).
• Revisar la medicación con el médico para identificar fármacos que puedan favorecer crisis o interacciones peligrosas.
• Evitar consumo excesivo de alcohol y controlar problemas metabólicos.
5. Lo que importa al final
La epilepsia después de los 55 no es una sola enfermedad: es un conjunto de situaciones distintas con causas y manejos diferentes. Con diagnóstico oportuno, ajuste terapéutico y prevención vascular y de traumatismos, la mayoría de las personas pueden mantener una vida plena y activa.
Para saber más: Blank, L. J., et al. (2026). «Late-Onset Seizures: Etiology and Demographics in US Tertiary Care Epilepsy Centers.» Neurology 106(11): e214948.
