Durante mucho tiempo, se ha pensado en la epilepsia de inicio tardío (EIT) – es decir, aquella que aparece por primera vez en personas mayores – como un problema exclusivamente cerebral. Sin embargo, investigaciones recientes están revelando una historia más compleja: el corazón y los vasos sanguíneos también juegan un papel importante.

Un nuevo estudio publicado en Neurology aporta evidencias sólidas de que existe una relación bidireccional entre la epilepsia y las enfermedades cardiovasculares, incluso cuando no ha ocurrido un accidente cerebrovascular.

¿Qué descubrieron los investigadores?

El estudio analizó a más de 3.000 participantes del Northern Manhattan Study, una cohorte bien establecida, multiétnica y basada en la población que reclutó a adultos mayores de 40 años y los siguió longitudinalmente para evaluar su riesgo de accidente cerebrovascular y cambios cognitivos y la influencia de los factores de riesgo de accidente cerebrovascular seguidos durante unos 14 años. Ninguno tenía antecedentes de epilepsia, infarto o ictus al inicio.

Los resultados mostraron que:

  • Las personas que sufrieron un infarto de miocardio (ataque al corazón) tenían el doble de riesgo de desarrollar epilepsia más adelante.
  • A su vez, quienes desarrollaron epilepsia de inicio tardío presentaban mayor riesgo de morir por causas cardiovasculares, como infarto, arritmia o insuficiencia cardíaca.

En otras palabras: el corazón puede influir en el cerebro y viceversa.

Más allá del ictus

Tradicionalmente, se pensaba que la causa principal de la epilepsia en adultos mayores era el daño cerebral por accidente cerebrovascular. Pero este estudio demuestra que la enfermedad vascular “silenciosa” (sin síntomas visibles) también puede contribuir al desarrollo de epilepsia. Factores como la hipertensión, la diabetes o el tabaquismo podrían afectar tanto al cerebro como al corazón.

Medicación y riesgos compartidos

Otro aspecto importante es el papel de los medicamentos anticrisis (MACs). Algunos de ellos pueden alterar los niveles de colesterol o afectar el ritmo cardíaco, lo que aumentaría el riesgo de problemas cardiovasculares. Por eso, los especialistas recomiendan elegir cuidadosamente el tratamiento en personas mayores con epilepsia y factores de riesgo cardíaco.

Un enfoque integral

Estos hallazgos. nos recuerdan que la epilepsia, especialmente la de inicio tardío, no debe tratarse como un trastorno aislado. Es fundamental valorar la salud cardiovascular de estos pacientes y controlar de forma activa los factores de riesgo.

Además, algunos fármacos utilizados para proteger el corazón, como los bloqueadores de los receptores de angiotensina, podrían también reducir el riesgo de desarrollar epilepsia, lo que abre nuevas líneas de investigación.

En resumen

El estudio refuerza una idea clave: el cerebro y el corazón están profundamente conectados. Comprender esta relación no solo ayuda a prevenir la epilepsia en personas mayores, sino también a mejorar su salud global.

 

Para saber más: Thacker EL, et al. Associations of late-onset epilepsy with myocardial infarction and nonstroke vascular death. Neurology. 2025;105(11): e214292. doi:10.1212/WNL.0000000000214292